PROXIMA PARADA... Albacete City

- Ding, Dong, Ding... Autocar con destino Valencia y Barcelona... Dàrsena nùmero nueve, dàrsena nùmero nueve...
Dàrsena: ejemplo de palabra ni escuchada, ni pronunciada en un espacio superior a seis años.

El corazòn se le despegò del pecho en el mismo momento en el que el autobùs girò a la derecha en aquel semàforo. Mil imàgenes golpearon su retina sin ni tan siquiera pasar por el filtro del tiempo. Eran tan reales como la falda de viscosa naranja que llevaba, como la calva del treintañero sentado a su derecha, como el infernal chunda-chunda-chun del ipod del bakala en el asiento de atrás; Tan reales como viejas. Las calles que conducian a la terminal de autobuses de Albacete parecian haberse quedado suspendidas una década entera.

- Ahora deberìa girar a la derecha, dijo,- y allà que tirò pesadamente el gran autocar azul y gris.

El corazòn seguìa saltando en su pecho. Ahora llegaba el turno de la tienda de electrònica, haciendo chaflàn en el bloque de ladrillo marròn. A la derecha pasaban los jardinillos entre los dos bloques con baldosas blancas y rojizas.
Pum-pum, pum-pum… resonaba fuerte. Le llegò un sentimiento remoto, pero las razones de aquel latido eran tan diferentes hoy… Ya no eran las razones que la acercaban desde su ciudad hasta Albacete, en la noche de un viernes si, viernes no, durante dos años de su vida.

Albacete: ciudad española situada a medio camino entre ella y él..

En toda la mañana, ni antes, ni durante, ni tan siquiera en el descando del trayecto, se le habia pasado por la cabeza un solo momento de añoranza. Tuvo apenas un recuerdo, en el momento de comprar el billete. Fue todo. Y ahora, el capricho de su pobre memoria, le traìa un compàs de latidos y suspiros. De repente, se tapò de un golpe la boca y casi mascullando soltò un extraño
- Ay madre!
Frente a ella, aparecìa el cartel de Tabacos granate y amarillo pintado sobre una persiana bajada, al final de cinco escalones, puerta con puerta a un kiosco de prensa. Se alzò un poco y levantò la cabeza sobre el asiento de delante. Entonces reconociò a lo lejos la entrada de la estaciòn. Solo entonces se diò cuenta; era la primera vez que veìa todo aquello a la luz del dia.

El autocar entrò en el parking y estacionò frente al cartel del nùmero 9. Se riò al pensar que ni eso habia cambiado. Se sintiò bien. Su pulso comenzò a calmarse. Bajò sin pensar en nada y se dirigiò al interior para tomar algo y usar el baño. En Albacete habìa quince minutos de parada.
Nada màs entrar se parò en seco. Le pareciò una broma. Tampoco allì parecìa haber cambiado nada. El kiosco de periodicos en el centro, las butacas azulonas en forma de T invertida, las taquillas, muchas de ellas cerradas pese a ser de dia… Echò a andar en direccion al WC sin tan siquiera buscar el cartel, -seguro que sigue donde lo dejè-, pensò. Y acertò. Ademàs, ni rastro de reformas. Los mismos sanitarios ochenteros que recordaba.

- Esto es muyyyyyyyyy fuerte!!!, dijo entre risas

Al salir del baño de señoras, girò instintivamente hacia la izquierda. Alli se encontraba la entrada principal del edificio. La misma en la que con puntualidad, ni serio, ni sonriente, con esa mueca de impaciencia de enamorado, le esperaba plantado a medianoche, viernes si, viernes no, el màs amado de sus amantes y compañeros de toda una década. Con los brazos cruzados, aguantandose el pecho y la timidez. Atuendo deportivo Made in INEF para llevarla al ritmo de Kiko, una mano al volante, la otra en su muslo, hasta el mismìsimo Mediterràneo...

Alli parada, a la sombra de las 14h30, unos años despues de aquello, frente a ningùn inefo enamorado, frente a ningùn Corsa azul oscuro, casi violacio, se metiò las manos en el bolsillo y cerrò los ojos. Y en ese momento, sintiò un profundo abrazo con olor entremezclado a piel y sudadera gris limpia. Sonriò y abriò los ojos.

- Ding, Dong, Ding... Autocar con destino Valencia y Barcelona... va a efectuar su salida...

video

CC

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